Ya has fijado tus ojos en la presa,
quien te ve con sorpresa,
llegar hasta su lado, encantadora;
brillante sonrisa de cazadora,
mirada pecadora,
y sin embargo eso no le interesa.
Pues no es màs que un cordero enceguecido
que ansioso te ha seguido,
incluso por las calles màs oscuras;
sin saber que le llevas con premura
a una muerte segura,
donde su lascivia le ha conducido.
Deseas acabar con la molestia
lanzàndote directo a su garganta
mas el hambre en ti es tanta
que acabas drenàndole sin medida.
Y cuando ves lo que has hecho te espantas,
porque este es el precio de tu no-vida,
saciar al homicida,
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