Me elevo al cielo más nocturno
para encontrar tu cuerpo traslúcido
enganchado en la quinta
punta de una estrella:
y con la luz de la luna llena
beberé de tu rojo punzo
para consumar tu entrega.
Te abrazaré como gárgola
y te recostaré en el negro
satín de mi regazo,
besaré tus morados labios
y quedaré dormido cien años.
Al despertar encontraré
el púrpura polvo de tu silencio,
te abandonaré en mis tierras y
tu eterno retorno nacerá
pero ya nada de mi sabrás.
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