miércoles

Destino

   Había prometido frente a mi espejo no volver a salir solo. Te sientes extraño, observado, fuera de todo. Salir solo es lo mismo que ir a una fiesta sin ser invitado vagas de un lugar para otro con la misma sensación de estar sobrando, ruegas sin éxito que una cara conocida te salve del millón de miradas que se posan en ti y preguntan quién eres.
    También había estado en aquel boliche la noche anterior. Javier me había llamado a la una de la madrugada:_ "Vente Martín, el ambiente está genial!". Me puse el primer jean y camisa que encontré. A pesar que no había un solo taxi en la calle, me ingenié para llegar y a la una y media ya estaba allí, mirando cómo Javier no podía mantenerse en pie.
    Estábamos bailando con dos chicas que encontramos en el local y miraban con recelo cómo Javier las miraba con mirada perdida mientras se aferraban temerosas a sus carteras. Calculé que a ese paso iban a querer bailar cada vez menos con nosotros. La más seria se me acercó y gritándome al oído dijo:_ "Mejor te llevas a tu amigo, nosotras ya nos vamos."
   Las chicas se han unido a otro grupo que estaba en la mesa de al lado. Han arrimado a Javier a un rincón, como si no existiera. Los observo mientras termino mi cerveza. Dado el patético cuadro que presenta mi fin de semana es el momento justo para largarse.
   Aproveché para ir al baño del segundo nivel. Veo dos chicas solas. _Hola!, me arriesgo, saludo y acerco mi vaso para hacer salud, :_"Hola, sonríe, tu amigo está bien ebrio, debes llevarlo a su casa parece" _"Sí, eso parece... Es más baja que yo, pero tiene una sonrisa que ilumina, le digo que tiene una bonita sonrisa, no uso la frase “que ilumina”, sonaría patético, sonríe más, bailamos.
   Le pregunto dos veces su nombre y no consigo memorizarlo debido al alto volumen de la música.
    Por primera vez en mucho tiempo la estoy pasando genial.Trato de que los temas de conversación no huyan de mi mente como a veces pasa, trato de no decir bromas que sólo entiendo yo y terminan ahuyentando. Dudo en si pedirle su teléfono o no, en si invitarle una cerveza o no, en si seguir bailando o sentarnos, en ir a averiguar si Javier sigue respirando.
   No quiso darme su número. Si vienes mañana, entonces bailamos un rato, y si me preguntas de nuevo, de repente te doy mi número.
   Antes de que ella se vaya le había soltado el rollo ese del destino, de que nada pasa sin ninguna razón y que la borrachera de Javier era la razón para que ella me conozca, pero mucho resultado no dio...

   Estoy nuevamente en el boliche y estoy ebrio. Ella nunca llegó. Pasé la tarde imaginando qué iba a pasar si la encontraba de nuevo. Lo único que es cierto son las dos jarra de cerveza que he tomado, el mareo que siento y las inmensas ganas de largarme de aquí. ¿Destino? Destino mis pelotas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario